Arte y esencia creativa

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Dualidad - Pepa Herrera

 

Ninguna actividad humana en la Historia, sobre todo en los últimos años de la Historia reciente, ha generado tanta controversia como la idea de lo que se entiende por Arte. El arte en su origen es una expresión genuinamente humana, que deriva de una necesidad espiritual individual, y que necesita de un esfuerzo emocional e intelectual para ser creado primero, y, posteriormente, para ser disfrutado. Dicho de otro modo, además de esa necesidad espiritual de expresarse innata en el ser humano, generadora del acto creativo, en el hecho creativo intervienen una idea como motor vehicular que surge de la emoción, y una voluntad realizadora que lo propicia de forma material, usando para ello, de todos los medios y conocimientos técnicos de los que dispone o inventa.

Veamos, por ejemplo, la historia de un artista plástico que vive una emoción particular al contemplar un paisaje especialmente emotivo. En él surge la necesidad de transformar aquello que ha visto y sentido en una imagen evocadora de ese momento, en algo aprehensible que lo perpetúe en el tiempo y le ayude a revivirlo, e incluso a compartirlo, como algo material derivado de su vivencia espiritual y emocional inmediata. Usando sus conocimientos (adquiridos o innatos) de dibujo, pintura, modelado, imagen, etc, se enfrenta de ésta forma a la materia con esa emoción, e intelectualmente comienza a decidir, con qué líneas, colores, formas, volúmenes, mostrar todo aquello que sintió (hay que decir, como hecho anecdótico pero ilustrativo, que el dibujo y la pintura se utiliza como terapia para algunas enfermedades, como el alzheimer, por el esfuerzo intelectual grande que significa, sobre todo para personas que no se han valido de ello con anterioridad o habitualmente…). Siguiendo con el mismo ejemplo, un poeta, que contempla la misma escena, recurre a imágenes evocadas mediante palabras, un músico, mediante sonidos y la armonía entre éstos, un fotógrafo utiliza el instrumento a su alcance que es su cámara para capturar la luz, que es capaz de manipular para conseguir un efecto especial… Todo pasa por el proceso mental individual, al que se añade un bagaje histórico y cultural propio, y cuanto mayor es la sinceridad y la entrega en cada uno de ellos, el producto, que es la obra de arte, adquiere una distinta e inusitada dimensión. En definitiva, y en éste sentido, el artista actuaría como comunicador.

En la persona que contempla la obra, al actuar como receptor, el mecanismo se produciría de diferente forma. Cada individuo, desde su experiencia vital, posee un bagaje de criterios estéticos, conocimientos adquiridos y un carácter emocional exclusivo. Ésto es común a todos. Para la persona que vive el hecho artístico desde fuera, o sea, que actúa como espectador (receptor), habrá obras que le serán indiferentes, por no conectar emocionalmente con ellas, otras tendrán otro efecto, y lo movilizarán intelectual y asimismo emocionalmente, produciendo un sentimiento, que normalmente es coincidente con el que provocó al artista su creación. Para la persona, conocedora o meramente informada (en éste sentido, podríamos diferenciar si la opinión es de alguien que sólo conoce desde fuera las técnicas, o si, además, las sabe usar, o sea, es otro artista…), de las diferentes técnicas artísticas, habría que sumar al placer estético producido por su contemplación, la valoración del virtuosismo, o la usencia de éste, con que fue realizada la obra de arte por el artista en cuestión. Esto es así, pero, en definitiva, todos los “receptores” o contempladores de la obra de arte son capaces de disfrutar de ella.

Sin embargo, y consecuentemente, es muy difícil, sobre todo hoy en día, hablar, más allá de su definición, de un arte “malo” o “bueno”. Se pueden, en éste sentido, evaluar las técnicas utilizadas, la solvencia en su uso, la originalidad en la elección de éstas e incluso del tema, la fuerza del mensaje… Pero aún en eso hay división de opiniones, y queda muy al gusto del que es un contemplador del hecho artístico, pues hay artistas que dicen más con la mera intención de su obra que aquél que se ha expresado solamente con una técnica perfecta… Cualquier persona, tenga la edad que tenga, incluyendo niños sin bagaje vital y cultural previo, pueden tener la capacidad de saber apreciar la originalidad y la sinceridad de cualquier artista a la hora de realizar su trabajo, o de mostrarlo. Pero, al fin y al cabo, cuando evaluamos que una obra de arte “te gusta” o “no te gusta”, emitimos una opinión exclusiva y personal que tiene mucho que ver con el proceso vital exclusivo y personal del que la está mirando.

En esto último, todavía podríamos abundar añadiendo la opinión y la motivación del propio artista, pues éste no deja de ser un miembro más del entorno en que se mueve, más allá de la actividad que realice en él, y, como todos los demás, puede ser sensible a éste, padecerlo o disfrutarlo, y todo esto, que es algo que influye en la historia personal de la que antes hemos hablado, puede llegar a ser determinante en la valoración y el entendimiento de su trabajo artístico, en el que éste “llegue” o “no llegue” a determinadas personas, a todas, o sólo a algunas…

Sin embargo, como suele suceder en la historia en todas las sociedades cuando éstas agotan los planteamientos que las originaron, la decadencia (y a veces la estupidez) ha impregnado la llamada sociedad desarrollada, tan aparentemente superficial, banal y dominada por un sistema de “marketing exprés de lo absurdo” en demasiados casos, haciéndola responsable de comportamientos gregarios por seguir las tendencias esnobistas, consumistas y superfluas, de una serie de grupos de personas de diferentes sectores y ambientes, incluyendo en ésta “marea”, como no podía ser de otra forma, al mundo del arte. Contagiado el mundo de la cultura del panorama social, se cuelan en todos los colectivos humanos personas, muchos de ellos individuos carentes de talento, que para manifestarse y alcanzar notoriedad hacen cualquier cosa… Ésto pasa en todas partes, es común en muchos ambientes, y el del arte, por ser éste un reflejo de la sociedad en el que está inmerso, no podía ser menos. Asimismo, personas ajenas al hecho artístico, desde fuera, y muy frecuentemente llevados por su propio y personal gusto (o mal gusto), o bien por un interés mercantilista o incluso de conveniencia político-social, se han acuñado más que los propios creadores en los verdaderos expertos de lo que es la “calidad artístico-creativa”, manoseando o coartando en muchas ocasiones la libertad creadora de los propios artistas, según siempre su personal opinión, y relegando a los creadores, que son los verdaderos generadores y protagonistas del hecho artístico, a un segundo o tercer plano, en donde tienen la percepción de quedarse solamente en el papel de meros espectadores de una circunstancia que sin ellos no sería posible. Sucede con mucha frecuencia, que son éstos intrusos los primeros interesados en formular un concepto de arte tan elitista, tan superficial, a menudo meras reiteraciones vacías del legítimo planteamiento creativo que lo originó, que difícilmente podríamos encontrar a un grupo de personas, fuera de éste “círculo” (y por muy alto que sea su nivel cultural) que considere que verdaderamente “entiende de arte”… Más que nada porque sus “elecciones”, que marcan tendencias en el ámbito artístico y son seguidas con pasión por un pequeño círculo que dice “no entiende” pero que se deja llevar, y que suelen ser coleccionistas, algunos inexpertos, o simples inversores. Ante éste panorama, es triste darse cuenta que algunas elecciones destacan por su obviedad y su carencia de contenido en muchos casos, y por escaso mérito en otros. En la sociedad en la que vivimos, como ha sucedido siempre, hay un “nacimiento”, un “desarrollo” y una “degeneración” cuando los planteamientos vitales e intelectuales que la han caracterizado agonizan: podemos afirmar que en el mundo cultural el proceso es similar, y es una paradoja, porque cuando un arte es aceptado en las instituciones, cuando es promocionado y valorizado por éstas, es cuando ya sólo queda de él, el eco de aquello que fué en su origen… y está, como organismo vivo que es, a punto de expirar y ser sustituido por otro… Por eso el organismo viviente que es el arte, es generador y alcanza la dimensión más cercana a aquella que lo inspiró mientras está respirando, mientras sea instigador de emociones, mientras sea capaz de llenar el espíritu de preguntas y de originar respuestas, y de ser tan perdurable como el eco que provoque…

Un eco que se diluye… y un motor renovador capaz de provocar una reacción plantando cara al anquilosamiento. Hoy crece el número de artistas que manifiestan su rebeldía y contradicen tendencias, acogiendo su creación, no a una determinada corriente artística en el concepto clásico de estilo, sino a una nueva forma de concebir el arte como algo vivo, inteligente, despierto, que observa, usa, entiende y opina sobre su entorno con las armas que posee y elige “gritar” y exponerse ante el mundo sin acogerse a modas y estilismos concretos y marcados, sino que se sirve de todos ellos, y los usa, y sabe cómo hacerlo (porque para eso están) y no es entendible el desdén por todo que nos ha sido legado si ello es bueno, y supone una herramienta más a utilizar en el proceso de creación… Una forma de “hablar” estéticamente solvente que busca ser “entendible” porque precisamente lo desea: trasmitir un mensaje y una inquietud derivada de lo colectivo, una opinión de alguien que vive y convive en su entorno y que tiene la necesidad de gritar su rabia o su alegría ante diversas situaciones que afectan a la sociedad, de mover conciencias por un cambio, en lo espiritual, en lo social, en definitiva, en lo humano… Un arte vivo, “activista”, entendiéndose de ésta forma porque “actúa”, pues busca con ello comunicar y provocar emotividad; y que además utiliza todas las herramientas estéticas y materiales que posee sin menoscabo de ninguna de ellas, obviando, o relegando a segundo plano, el hecho de someterse en su creatividad a una tendencia o moda concreta en exclusiva.

Pepa Herrera 2007El arte, por su origen, trascendentalmente de sublimación estética de una experiencia genuinamente espiritual y por tanto humana, debe quedar siempre por encima de modas o tendencias, aunque sea inevitable que se vea influido por ellas, que no dominado. Así, encontramos artistas que en su producción realizan obras de marcado carácter realista o hiperrealista, por ejemplo, con otras concurrentes con estilos tan diferentes como abstracciones conceptuales, cubistas, expresionistas, impresionistas e incluso, a veces, en una misma obra… Al mismo tiempo que son artistas multidisciplinares, que se expresan mediante diferentes técnicas (incluso mezclando éstas), tanto las más “tradicionales “como la pintura, la escultura, el grabado, la fotografía, como también el arte digital, las instalaciones multimedia, e incluso la propia arquitectura… Personas humanistas en el más amplio sentido en el que podamos aplicar ésta definición, estamos, así, ante una actitud diferente por ser y entender, con personas de su tiempo, con curiosidad por la ciencia y el medio ambiente, e inquietudes, ideales e intereses culturales y humanos, que les lleva a manifestar su creatividad artística de diferentes formas: con la literatura, con la música, la danza, la creación cinematográfica… Desechando, así, aquella forma de “ser” que se ha alejado de esa idea de artista y tornado en ser ultra-individual, que se manifiesta de forma conceptual “cerrada” y de reiteración modelos superados y, por ello, vacios ya de los plantemientos transgresores que lo hacian atractivos… Así también, juzgada frecuentemente como extraña e ininteligible para el observador, y que incluso tiene que ser traducida para ser asumida intelectualmente… Es ante y frente a esto que el artista se posiciona, exigiendo como sus actores la libertad de poder expresarse como ser individual y creativo con todas las armas estilísticas que conoce y que posee, y, además, el derecho a querer ser entendido o no en la trasmisión de su mensaje por el común de una sociedad a la cual desea manifestarse, y no sólo por una élite cerrada que valore sólo exclusividad (¿probable?), primando con ello lo novedoso o lo que es tendencia… Y, en muchos casos, en un intento artificial de “democratizar” el “arte”, añadiendo aditamentos que contribuyen tanto a mostrar una definición de arte tan abstracta, que deriva, incluso en una falta de consideración hacia los auténticos protagonistas de la creación estético-artística: los ARTISTAS.

En éste contexto, la sociedad actual puede y debe revisar la definición de “artista”, que actualmente ha quedado tan diluida, víctima de los conceptos erróneos o erráticos de determinadas personalidades, que han sido, hasta ahora, las mantenedoras en bienales, galerías y museos de éste carácter elitista, y un tanto artificial a veces, de su idea de “buen arte”. “Todo el mundo es un artista” afirmaba el comisario Peter Wiebel en la tercera edición de BIACS en Sevilla… Estimado Señor Wiebel, seguramente usted no ha querido decir eso, sino que ha pensado decir “Todo el mundo es creativo”, cosa que es muy diferente, y, por otro lado, totalmente cierta. Desde ésta interpretación, los artistas, como profesionales del sector, salvaguardamos nuestro trabajo de intrusismos definitorios, gramaticalmente y psicológicamente propiciatorios del “todo vale”, con una definición de artista más acorde con la realidad y mucho más respetuosa con nuestra actividad profesional, derecho al que tenemos como lo tienen todos los profesionales en sus actividades:

Artista es una persona creativa, que tiene la capacidad y el conocimiento, puede y desea, de utilizar todas las herramientas a su alcance, estilísticas y físicas, las cuales conoce o inventa, para materializar esa creatividad con solvencia en un producto u obra creativa llamada “Obra de Arte”.

De ésta forma, y de una vez por todas, somos y queremos ser los artistas los que definan que es el arte.

PEPA HERRERA
Artista plástica, escritora, comisariado artístico.

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Un pensamiento en “Arte y esencia creativa

  1. Magnífico aporte y bellas palabras como no podía ser de otra forma o cómo no se podía esperar de esta magnífica mujer, todo lo que toca lo convierte en belleza y pureza.

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