El Toro de la Vega en Tordesillas

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Tordesillas Toro de la Vega

 

El Torneo del Toro de la Vega es un evento taurino de origen medieval, que conservando la crueldad del medioevo, atribuye una explicación mágica a la generación de fenómenos y procesos por los que supuestamente se obtiene un fin incongruente con los medios. Sacrílega superstición en un baño de sangre, crueldad y violencia.

Se celebra en la localidad española de Tordesillas, e ignominiosamente se declaró fiesta de interés turístico en 1980 y espectáculo taurino tradicional en 1999. Cada martes de la segunda o tercera semana de septiembre, la masa descerebrada vuelca su violencia en un toro, escenificando un rito carente de la mas mínima humanidad, con una orgía sangrienta de violencia que pretende borrar los pecados cometidos contra un Dios que nada tiene que ver con semejante despropósito.

Formando parte de las fiestas de Nuestra Señora la Virgen de la Peña (patrona de Tordesillas) que comienzan el día 8 de setiembre, la matanza sangrienta se supone que lava los pecados de los turresilanos y honra a la Virgen, que sin duda lloraría desconsoladamente cada año al presenciar semejante carnicería.

El torneo consiste en la caza y persecución de un toro por decenas de picadores y lanceros, la mayoría a caballo (500 en 2011) en la cual intentan alancear a la res hasta la muerte, después de soltarla cerca de la plaza del pueblo y ser conducida por los corredores y aficionados hasta la vega del río Duero, mientras la atacan con sus lanzas y aterrorizan en masa con sus gritos. Después de semejante salvajada, si no consiguen asesinar al espantado toro, le indultan para que siga sufriendo el trauma, el miedo y sus graves heridas. Salvajismo elevado a la enésima potencia.

 

Historia de la masacre de El Toro de la Vega en Tordesillas

Ya en 1954 el dantesco espectáculo horrorizó incluso al régimen franquista, que lo prohibió finalmente de 1966 a 1970. En ese año bestias cobardes como Gregorio Marañón Moya, hijo del afamado médico, consiguieron presionar al gobierno de Franco para que volviera a autorizar la masacre del Toro de la Vega. El infame marqués de Marañón, empapó su casta fascista entre absurdos argumentos taurinos, que dieron lugar a que durante toda la etapa democrática española se haya seguido sin prohibir la mayor vergüenza de Tordesillas. Y van ya 45 años.

En estos días, en pleno siglo XXI, un gobierno fascinado por pisotear los derechos ciudadanos, sigue sin prohibir semejante despropósito, a pesar de las millones de peticiones para parar la sarracina costumbre desde todos los ámbitos, nacionales e internacionales. La respuesta institucional se pronuncia a favor en los medios de comunicación controlados por el régimen como tve1. En la voz de los voceros habituales, como su intelectual estrella, Montero, cada año y demostrando su inteligencia, justifica la tropelía con argumentos de tradición y costumbre ancestral.

Difícil escuchar los argumentos de las bestias locales, justificando la salvajada: “A otros les gusta el fútbol y no se lo prohibimos”; “Esta es una tradición mu´ antigua y por eso tie´ que seguir”…

 

Boicot en España a Tordesillas

Es hora de reflexionar y emprender las acciones necesarias para eliminar de una vez por todas un maltrato animal tan burdo y absurdo como éste. No sólo desde las leyes, que se producirá cuando un gobierno de consiga hacer ley de la voz de la ciudadanía, si no que desde hoy, podemos contribuir activamente a terminar con esta muestra del inmovilismo tradicional que nos arruina cada día, todavía un poco más. Debemos comenzar un boicot económico a la ciudad de Tordesillas como primera medida de urgencia a ver si, ya que cognitivamente estas gentes no tienen la capacidad de hacerlo, económicamente comienzan a evolucionar hacia un modelo de humanidad más lógico y adaptado al siglo en el que vivimos.

Tordesillas es un gran pueblo de Valladolid. Con mucha solera histórica y grandes monumentos góticos. El turismo de elevado presupuesto les aporta pingües beneficios cada año. Que su negocio decrezca y desaparezca, parece ser la única forma para que entiendan que así no, que no aceptamos ya la tortura como una tradición. Que visiten ellos solos, el castillo de La Mota y se bañen en el Duero, que llenen sus campings, hoteles y bares con su solitaria presencia. Ni cafés, ni gasolina, ni entradas a iglesias y castillos, ni asadores ni compras en tiendas. Se compra de cualquier otro sitio.

Aislemos a los crueles matarifes del maltrato humano y animal del resto de España. Que les quede claro que los ciudadanos españoles no somos de esa cavernícola calaña.

 

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