¿Eres aberchandal? La nueva ideología política que arrasa en España

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De repente todas y todos los españoles se han convertido en expertos polítologos. Aunque en realidad, no tengan nada que envidiar de los que aprobaron el título académico. Seguramente, han influido las bochornosas tertulias políticas como “La sexta noche”, para que cualquier participante de una “charleta de bar”, de esas a las que nadie hacía caso, de las de hablar por no callar, se crea ya tertuliano en un debate político de gran altura. Probablemente, porque escuchando a personajillos como Inda, de tertulia en tertulia y viviendo toda su vida del periodismo, a cualquiera le parezca ser mejor opinador de la mentira que el más profesional de los difamadores del estado.
Seguro que también ha influído en alguna medida, que el nivel de los políticos profesionales actuales, sea tan bajo como su nivel de productividad laboral. Desde los politicastros que llevan 30 años viviendo de la política, sin tener otro oficio ni beneficio que su plaza de funcionario vitalicio sin actividad; Hasta los polítiquitos de nueva hornada, que han comenzado a sentar sus posaderas y recibir sus excesivos salarios públicos un par de meses después de acabar la carrera, el ejemplo no es bueno.
Todos cumplen con la máxima de no haber dado un palo al agua en su vida, siguiendo la tradición impuesta por los políticos conservadores de toda la vida. Pero eso sí, alguna asegura haber estado en todas las “manifas” posibles desde los trece años. Seguramente porque en la disco pedían el carnet y no había nada mejor que hacer en la calle con trece años. ¡Las sandeces que hay que escuchar en las entrevistas de la tele!.
Bien pensado, es un negocio redondo: Comienzas en manifas a los 13 y a los 30 ya tienes un casoplón de película. Eso sí, sin haber trabajado jamás en un trabajo de los de trabajar. Ni un sólo día. De hecho sin haber trabajado nunca en nada.

¿Qué es un aberchandal?

Dentro de esta cosa que arrasa en España a la que llaman “política”, que no lo es, y entre esta maraña de profesionales de pacotilla e informadores de la mentira, han surgido nuevos conceptos que despistan a los expertos tertulianos españoles. Uno de ellos es el término “Aberchandal”.

Aberchandal, es la contracción que surge de las palabras “Abertzale” y “Chándal“. La inventan en los ambientes aberzales de Euskadi, para denominar a los que iban de postureo a las manifestaciones, sin tener la ideología de los nacionalistas vascos.

Era típico vestir con chándal para estar preparados para correr, o para dar una imagen más cool estilo bakala, o de gente de pueblo llano. Sea como fuere, se puso de moda ir a una manifa un ratito, para estirar las piernas, pegar berridos, segregar adrenalina y terminar de potes en las tabernas. Así socializar un rato, charlar y con suerte intentar ligar. Esto atrajo a gente ajena a la ideología aberzale: Era muy guay ir a las manifas. El vocablo se crea para diferenciar a los de “pura cepa” de los del “postureo” y lógicamente es un calificativo despectivo.

La palabra se populariza como término político a partir de la película “Ocho apellidos vascos“. En el largometraje, el protagonista andaluz de Sevilla, se ve convertido por azares del guión, en un líder aberzale, reflejando con la parodia el significado del término “aberchandal”. Desde entonces se utiliza en toda España para denominar a esa corriente de postureo político, tan frecuente en la actualidad, de quien dice tener una ideología, porque está de moda, pero que en realidad desconoce que significa esa ideología.

Aberchandal una moda pasajera o una tendencia política mayoritaria

En un momento histórico en el que la política profesional se ha convertido en una forma rápida de dar un pelotazo, para funcionarios de carrera o recién diplomados sin ganas de trabajar, la ideología y los programas políticos se han llenado de telerañas por la falta de uso.
En el siglo XXI la política ha dejado de ser la forma de decidir el mejor futuro para todos. Se han abandonado los planteamientos filosóficos sobre hacia que tipo de sociedad queremos ir, para convertirse en un cajón de sastre de soluciones supuestamente pragmáticas, que solucionen de la forma más rápida la mejora de la economía para unos pocos, a costa de la precariedad de la inmensa mayoría. Esa “nueva política”, ya es simplemente una forma de como venderles el concepto a los votantes, sin que se den cuenta de que salen perjudicados para siempre.
La política se ha convertido en una estafa descarada por parte de unos jetas sin vergüenza, con mayor o menor habilidad para vender ideas, a medida de lo que la masa quiere escuchar y enriquecerse rápidamente sin trabajar.
Esta es la nueva política en la derecha y en la izquierda. Incluso en ese extraño centro, ocupado supuestamente por tantos partidos que ninguno debería caber ya dentro. Un perfecto caldo de cultivo, para que el aberchandalismo se propague como una plaga endémica en España, a todos los niveles y en todos los extremos.
Probablemente el 80% de los nuevos “izquierdistas” y de los nuevos “derechistas”, no tienen ni idea de que se pretende desde las políticas de izquierda ni de derecha. Según los estudios del INE, gobernara quien gobernara desde hace 30 años, la mayoría de los ciudadanos españoles se reconocen de ideología de izquierda. Sin embargo siempre ha gobernado la derecha, sea cual sea el color del logotipo del partido. Un buen indicativo de hasta que punto entre los españoles falla la cultura política. A nadie le preocupa demasiado que nadie sepa el objetivo que tiene una ideología de derecha, de izquierda, liberal o comunista. Mucho menos a los políticos, que les beneficia enormemente para los programas electorales y en el discurso. De esta forma, pueden utilizar la herramienta mas sencilla y eficaz: El populismo. Decir a la masa lo que la masa quiere escuchar, para hacer justo lo contrario o lo que les venga en gana, sin dar más explicaciones y de paso beneficiarse de los excesivos salarios de la administración, de las prevendas, las mamandurrías y de meter la mano en la caja todo lo que sea posible y un poco más.
Por una parte los idiotas útiles de la derecha (otro término político, no un insulto) se encuentran muy cómodos y felices votando a quien les sumerge en la precariedad: Laboral, educativa, informativa, de libertad de expresión y de salud. Osea, votan en contra de sus propios intereses vitales, pero están muy contentos y orgullosos, ondeando ellos solos la bandera nacional, aunque sea de todos. Por la otra parte, los idiotas útiles de la izquierda, se dividen entre los que protestan de todo sin dar soluciones, venerando a un “amado líder” de cartón piedra para calmar la indignación y entre los que dicen ser de izquierdas, vistiendo de rojo aunque el hábito no haga al monje y sean víctimas de las mismas políticas de precariedad de la derecha, pero eso sí, tildadas de socialistas que queda más bonito.
Por si fuera poco, algunos mafiosos se han disfrazado de independentistas, recuperando a los que se habían estancado en las reivindicaciones obsoletas del pasado y se han sumado a la sinrazón general de los que están segurísimos de que llevan la razón. Por mucho que ni sepan que es la razón, el sentido común, la lógica o la historia. Por lo visto, en caso de independentismo, está disculpado saber si son de izquierda, de derecha o de centro. Da igual. El caso es gritar mucho e insultar más. La mejor forma de ser un perfecto aberchandal, a las órdenes del listo de turno que entre barbaridad y estupidez, se va llenando los bolsillos con los dineros de todos.

Aberchandal ilustre como ejemplo del aberchandalismo ideológico

Un ejemplo de aberchandal famosa podría ser Anna Gabriel de las C.U.P. Si repasamos brevemente su biografía política, ya estaba protestando de todo lo que se ponía a tiro antes de saber que es la política. Visitante habitual de manifas… con chandal y camiseta reivindicativa de lo que sea, e integrando una de las formaciones políticas de supuesta ideología, sólo supuesta, más compleja e incongruente, para ir dando bandazos de aquí para allá, según se presente la ocasión.

La definición de la C.U.P. «un partido movimiento: un híbrido entre un clásico partido de masas y una compleja alianza entre partidos y movimientos sociales» ya deja perplejo hasta al más instruido politólogo. Marco perfecto para un aberchandalismo a medida. El partido comienza en los 80 como amalgama de unos y otros, que sólo parecían tener en común un radical y salvaje nacionalismo catalanista al más puro estilo decimonónico, cuya finalidad era la independencia de Cataluña. Su labor política se desarrolla en los municipios, hasta que a principios del siglo XXI prácticamente desaparece, por la escasez de votos, quedando tan sólo unos cuantos militantes residuales, retirados ya de la política por cuestiones de edad. Hace unos pocos años, toma el relevo una nueva generación, chandal enfundado y con apellidos muy castellanos, para dejar bien presente la “pureza de la raza catalana independiente”. La crisis creada por la derecha burguesa catalana del Pujolismo, como amenaza defensiva ante las investigaciones y juicios pendientes por corrupción, deja en manos de la C.U.P. una cuota de poder como partido bisagra que jamás habían soñado conseguir. A partir de ahí, demuestran su aberchandalismo radical, con esas famosas barbaridades en las declaraciones ante la prensa y ese estar pero no estar, dentro del ilegal gobierno de la región. Hasta que su líder más mediática, Anna Gabriel, huye a Suiza por si es requerida por la justicia.

Asustada ante la posibilidad de ingresar en prisión preventiva, como sucediera con otros cargos de la Generalitat, denunciados por incumplimiento de sus funciones administrativas. ¡Viva el compromiso con la ideología!… Parece que a Gabriel se le pasó de repente la radicalidad ideológica, se cortó el flequillo rebelde y colgó la camiseta con mensaje subversivo en el armario. Se la supone buscando empleo de profesora en Suiza vestida de pija, pero sin mucho éxito. Aunque no haya sido acusada de nada, ni tenga ninguna causa legal pendiente, se ha convertido en todo un ejemplo de “mártir política de plexiglas”, viviendo del aire, gracias a las colectas de la caja de resistencia de su partido y con el chandal colgadito en el armario.

El aberchandalismo político ha llegado para quedarse. De hecho, existió antes el concepto que la palabra. Cuanto más radical sea el mensaje, más fácil es encontrar al o a la aberchandal de turno. La necesidad biológica de pertenecer a un grupo en los primates humanos, nutre el aberchandalismo con una enorme rapidez. Como muestra sólo hay que entrar en una red social mayoritaria y leer los comentarios sobre cualquier noticia política. ¡Ver para creer!.
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