La precariedad en el arte y la contemporaneidad ignorada

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Artes plasticas

Sería muy complicado calibrar algo que, en un momento determinado, nos causara una especial satisfacción, de tal forma que los demás pudieran entenderlo exactamente igual que nosotros mismos, sólo con intentar expresarlo simplemente y de viva voz. Resulta, al mismo tiempo, difícil ponerse a valorar el lugar que concedemos a las emociones gratificantes en nuestras vidas en éste convulso y, demasiadas veces, confuso mundo, en el que ya todo lo diseccionamos, y hasta una emoción llamada “sublime” como el amor llega a estar considerada, muchas veces, como una enfermedad que hay que curar cuando se decide que es una emoción negativa, y reconducida hacia otras aspiraciones que ofrecen satisfacciones más inmediatas y materialmente más tangibles…Síntomas de una sociedad altamente materialista… Los artistas, que estamos acostumbrados a dejar expuestas nuestras emociones más que otras personas por medio de nuestras obras, conservamos íntegra esa baza en nuestras vidas y en su nombre decidimos consagrar esfuerzos y destinos, trabajando a favor de lo que es el norte de nuestra actividad, y el motor que nos hace seguir ilusionándonos por hacer y aprender cosas nuevas: el Arte.

En España, además de haber sido en otras épocas fuente de inspiración para otros, tenemos la suerte de poseer un bagaje cultural histórico- artístico impresionante. Hablando solamente de artistas plásticos, grandes nombres, algunos catalogados como “genios”, que jalonan nuestra historia, y grandes obras, repartidas por importantes colecciones y museos de todo el mundo, son prueba de ello. Muchos son los llamados a materializar una hermosa vocación, la de ser artista, en oficio, pero… Pese a todo, resulta descorazonador comprobar lo difícil que es, para todos los que deciden dedicarse en éste momento a éste trabajo en nuestro país, vivir del arte.

Un estudio realizado en el año 2006 reveló que los ingresos anuales obtenidos por artistas plásticos en su actividad profesional arrojaban indicadores propios de trabajadores del tercer mundo, es decir, que mientras (según el INE) el umbral de pobreza en España estaba en los 6.278,7 euros al año, el 53,7% de los artistas no llegaba a los 6.000 euros, y el 42,4% apenas superaba los 3.000 euros al año. Actualmente, con la coyuntura económica y política en la que nos estamos viendo inmersos, la mayoría de los artistas somos aún más pobres y, sin embargo, por el contrario, el valor alcanzado por las producciones de algunos profesionales (convertidas éstas en mercancía de carácter especulativo) es altísimo. Durante los años previos a la subida del IVA del 18 al 21%, muchas eran las instituciones públicas y privadas, algunas de carácter gubernamental, fundaciones, bancos, empresas y coleccionistas particulares, que “invertían” enormes cantidades de dinero en arte, además de que se habían procurado crear u organizar grandes eventos relacionados con la actividad artística, así como la rehabilitación y construcción de espacios dedicados a éste fin, como salas y museos. Ahora, debido a la crisis, ésto se ha reducido bastante. Hay que señalar que muchas de las nuevas infraestructuras eran y siguen siendo necesarias pero, desgraciadamente, enmarcados dentro del ámbito político, se ha utilizado a artes y a algunos artistas en elementos útiles a las élites políticas y económicas para su propaganda ideológica o mediática, al mismo tiempo que es común que se fomenten ciertos tratos con fines especulativos (en los que es normal que el factor menos favorecido sea en artista en si). Todo ésto da como resultado un arte “institucionalizado” frente a otro arte que no lo es, y que aún encuentra más dificultades, si es que cabe, para coexistir (y es que es frecuente que éstos últimos, además, tienen que “buscarse la vida” ellos solos). En éste contexto, y hablando sólo de economía, es necesario reseñar que un IVA tan perjudicialmente alto en el ámbito cultural, que habiendo circunscrito su bajada al 10% en exclusiva a la venta entre artistas y particulares, no los haya ayudado y en definitiva no haya supuesto un excesivo beneficio para éstos, ya que afirman que el comprador particular de interior ha desaparecido debido al momento económico negativo que vivimos; además, el mantenimiento del IVA alto para las galerías no permite que éstan puedan optar a ser competitivas en su labor de promocionar a los artistas españoles en paises extranjeros, lo cual repercute directamente en éstos, ya que “no se vende”.

Toulouse-Lautrec

Y es que al panorama económico, hay que agregar que el principal problema añadido para la profesionalización del sector artístico es su indefinición, unido a la escasa demanda de productos artísticos. Hoy en día, parte del trabajo que tradicionalmente estuvo reservado sólo a los artistas plásticos (todos recordamos los famosos carteles realizados por Toulouse-Lautrec para el “Moulin Rouge”), debido a los avances técnicos, es realizado con efectividad por diseñadores gráficos e industriales, publicistas, y personas que, sin tener que dominar otras técnicas artísticas, son capaces de lograr crear obras utilizando preferentemente sus conocimientos en programas informáticos. Precisamente éstos, que suelen estar bien pagados en esa labor (agencias), por diversos motivos (¿modas?) son también muy demandados si además, algunos individualmente, se aventuran en el espacio reservado de galerías y salas. Una situación ésta muy complicada, que ofrece una visión panorámica del arte español actual parcial y con muchos matices que llegan desde diferentes frentes, que perjudican la labor de los profesionales, los cuáles reivindican su derecho a defender su trabajo, y en la que muchos son los que se ven obligados a simultanear su labor artística con otros empleos para poder comer. Que triste resulta que una circunstancia como ésta condene a vivir en el ostracismo, si no a sobrevivir como pueden, a miles de artistas.
Artistas… y también galerías, que aspiran equiparar el reconocimiento de su trabajo al de cualquier otro segmento profesional y luchan contra la supuesta convicción general de que la producción intelectual no debiera ser remunerada (a nadie se le ocurriría pedir que un médico o un albañil no cobraran por su trabajo). Sin embargo, una ambición tan lícita y justa para la supervivencia de los profesionales que la realizan como para cualquier otro profesional en su sector, debiera tener en cuenta esa demanda, pues el arte es cultura y su industria debe beneficiarse de ayudas, subvenciones y políticas económicas permisivas, que además sirvan para que la sociedad en general asuma su derecho de disfrutarla.

Ante éste panorama, agravado además por el momento social actual, sólo nos queda esperar una reacción de muchos factores en conjunto, que permita a los profesionales de las artes plásticas “defenderse” en un oficio, por otro lado, tan competitivo, y además convertirse en garante y espejo en el que se refleje la creación contemporánea en toda su heterogeneidad, un amplio espectro de la creatividad plástica que se está realizando hoy en día. El Arte es capaz de emocionar, de atravesar barreras de espacio e idiomas, e incluso de tiempo. El arte logra trasmitir emociones, conceptos reales o imaginarios, y trasladar al que lo vive, aunque sólo sea como espectador, a exclusivos mundos, que pueden estar hechos a medida del que disfruta contemplando el trabajo de un determinado artista… Los artistas siempre caminan por delante, señalando nuevas maneras y nuevos conceptos a la hora de crear… así que resultaría ser una verdadera tragedia perderse esa “contemporaneidad”. En éste sentido, sería bueno ilustrar ésta reflexión con las palabras que el gran Juan Ramón Jiménez escribió en su obra “Las hojas verdes” (1913-1917):
“El arte moderno ¡Qué hermosa proximidad, que familiaridad, qué convivencia tan grata, que comprensión tan plena! En la pintura y en la música, percepciones más rápidas, se ve mejor esta diferencia de hermosura. Pero también para quien sabe verla está evidente en los libros. Estando en lo pasado el presente se nos va. Y mientras posamos los ojos en la belleza que se fué, se pasa la belleza presente”…

 

Ni la pasada, ni la presente, ni la futura… Que nada nos arrebate esa belleza.

 

PEPA HERRERA RODADO
Artista Plástica, escritora, comisariado artístico.

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