Sororidad nunca, fraternidad siempre

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sororidad y fraternidad

 

No puedo adherirme a eso que denominan ”sororidad”, por cuanto que a quienes dicen profesarla sólo las oigo gritar «Hermana yo sí te creo» y nunca, en ningún caso, gritan «Hermano yo sí te creo». No puedo hacerlo porque mis hermanas no son ni más ni menos que mis hermanos, tanto a ellas como a ellos me une la fraternidad.

El afecto y la empatía los prodigo sin hacer distinciones en función del sexo de cada cual. Si alguno se halla en situación de abuso, acoso, agresión, o víctima de alguna situación injusta o denigratoria, tampoco hago distinciones de sexo para solidarizarme, prestar mi atención o acudir en su ayuda. No sé si seré rara por ello, en mi familia nos educaron para comportarnos así los unos con los otros y también con los demás. Me enseñaron que todo humano merece respeto a su integridad física y moral, sea hombre o sea mujer.

Mi familia no es excepcional, es una familia común, como tantas. Por eso no me explico dónde habrán aprendido las adeptas de la sororidad que sólo merecen buen trato, consideración y respeto las mujeres. Para mí eso es inaudito, no concibo distinción de trato en función del sexo de cada cual, insisto.

 

 

Cada cual es responsable de sí mismo

Tampoco entiendo el sesgo con el que tratan los abusos, acosos o agresiones. Que el acoso sexual a mujeres merezca campañas masivas y en cambio otros acosos no merezcan una sola mención. No entiendo, por ejemplo, por qué el acoso laboral no las mueve ni conmueve y estoy pensando en ese juez que está recibiendo acoso laboral por parte del ministro. Acoso que, sin embargo, ellas parecen considerar una causa noble a defender, tanto es así que se dejan abanderar por el ministro para cargar contra el juez al que lanzan sus más envenenadas consignas.

No creo que defender a una víctima, suponga en ningún caso cobrarse una nueva víctima en una escalada vengativa dirigida por la bilis y las vísceras. Sobre todo cuando hay cauces legales, puesto que la sentencia en cuestión no es firme. Debe ser que eso, que llaman sororidad, induce a la coacción a terceros si éstos son hombres y que esa alianza entre mujeres que promueve, no es sino una especie de pandillismo de hooligans. Conmigo que no cuenten en esa recluta de mujeres, mis hermanas no son ni más ni menos que mis hermanos y ningún ser humano se merece acoso, abuso, agresión o coacción, ni menoscabo alguno de su integridad física o moral. Ninguna causa que se sitúe por encima de esos principios éticos me parece ni defendible ni respetable.

 

Ni el lila, ni ningún color nublan mi entendimiento, oscurecen mi conciencia ni pervierten los principios éticos que me guían en la vida y en el trato con mis semejantes. Así soy yo, responsable de mis actos, que procuro consecuentes con mis pensamientos. Cada cual, también, es responsable de sí mismo, de lo que piensa y de lo que hace, sean éstos los pensamientos o actos que sean, porque ningún grupo disuelve nunca la responsabilidad individual y esto es válido para cualquier tipo de #manada.

 

 

 
 Fotografía:
 Sergay Gorbachev - Silvia&Frank (pixabay.com)
 Diseño:
 Miguel Lluva 2018 (lluva.es)

 

 

 

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