Tengo una visión

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Opinión

Antes de nada, hacer saber al lector que esta pluma no se considera inteligente o listo, abogando al lenguaje popular. No obstante, y tras largo periodo de observación y reflexión, he llegado a la conclusión de que algunas veces y para algunas cosas este país es algo tonto o al menos lo parece. No ya no ser listo y mantenernos en una posición intermedia. Es que directamente somos algo tontos. O muy tontos, ó, simplemente tontos. Vamos, tontos a secas. Perdónenme ustedes si se dan por aludidos y se sienten ofendidos, nada más lejos de mi intención. En todo caso, la autocrítica quiere invitar a la reflexión de forma constructiva.

Tal día, en un foro cualquiera en el que se debatía y analizaba la situación socio-política de este país, mi España querida, un patriota soltó: “Si los tontos volaran, estaría todo el día nublado”. Vamos, que se quedó tan agustito el/la forero/ra. Entonces me planteé estudiar las causas que le habían llevado a soltar lo que algunos/as consideraron un disparate descomunal (debo confesar que a mí me pareció un disparate muy gracioso e ingenioso en el contexto en cuestión). Bien, yendo al quid de la cuestión, analizando la situación actual, sinceramente parece que si no volamos es porque estamos demasiados cargados por llevar mucho peso encima. En unos casos cargados de hipocresía, cinísmo, chulería, prepotencia, rencor, odio… Y en otros casos porque pesa demasiado la rabia, la impotencia por no poder impedir lo que hace daño a la mayoría de ciudadanos, el sufrimiento por las adversidades, etc. En otros porque somos de buen yantar y ni la fuerza del Katrina conseguiría levantarnos ni una palmo del suelo. Cómo mucho, hacer que nos pongamos erguidos. Y creo que lo somos por dar la oportunidad a poco más de cuatro bobos que sólo representan a la minoría más panola de este país, que han conseguido alzarse con el poder con un discurso de parola de tanto retronar con infundios, tergiversaciones y manipulaciones, para hacer una política totalmente decrépita, irracional y dañosa, que sólo favorece a los intereses de los más pudientes e hiriente para la mayoría que sufre sus efectos, causándoles sufrimiento, desconcierto, desesperación y desconsuelo.

Delincuentes de cuello blanco y ejecutivos sin escrúpulos. En definitiva, desaprensivos que manejan los hilos de unos gobernantes de bagatela.

Aún resuenan las promesas y palabras de Rajoy. Del “no daré dinero público a los bancos”, a pedir un rescate para los bancos a cargo del erario público. A afirmar que dicho rescate no costaría dinero público, para terminar afirmando y admitiendo su gobierno que el Estado da por perdidos 36.000 millones de euros de dinero público destinados al rescate bancario. Del “no recortaré en sanidad y educación”, a aprobar recortes en sanidad y educación por importe de 10.000 millones de euros. De criticar la reforma laboral del anterior gobierno diciendo que el abaratamiento del despido sólo produciría más despidos, para abaratarlo él aún más y provocar más desempleo. De prometer la creación de miles de puestos de trabajo a destruir más de 622.000 puestos de trabajo y haber conseguido el número más bajo de cotizantes a la seguridad social. De manifestarse contra la subida del IVA aplicada por el anterior ejecutivo a subirlo aún más ahora que gobierna y del no subiré impuestos a subir el IRPF cómo primera medida al llegar al gobierno. En fin, una cantidad de mentiras compulsivas y despropósitos que nos conducen al mayor fiasco de la democracia, eso por no hablar de los pagos en diferido y de los despidos simulados que le dejan a uno atónito, mirando la botella de agua por si acaso lo que bebí fue vino blanco, ó, preguntando si es que se equivocaron y echaron cocaína en la bolsita de la sacarina, dado el nivel de alucinación y sobresalto con estupor. Debo reconocer que nunca vi tanta mentira con tanta gallardía. Viva el vino de Valdepeñas!!!.

Ahora pasemos al análisis del comportamiento ciudadano. Manifestaciones masivas, protestas sin fin. La clase media desaparece, la pobreza se estremece, se extrema y se convierte en pandemia. Las calles se incendian y las malas noticias se silencian. El poder quiere sembrar la utopía utilizando la picaresca, intentando aumentar la idolatría al líder del gobierno, cuya máxima cualidad es la cobardía de quien abusa del poder desde una posición dominante, con una actuación abochornante, con un mensaje baldío y una política espeluznante. Pero aunque nadie podrá decir que el silencio es consentimiento, si se preguntarán cómo una mayoría electoral de este país se dejó engañar por semejante pedante con un discurso deleznable.

Autor: J. García

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Un pensamiento en “Tengo una visión

  1. Después de leer esta reflexión, y tras las elecciones andaluzas, el comentario de si los tontos volasen, tendríamos el cielo siempre nublado viene que ni al pelo. Todavía parece ser que pese a todas las mentiras enumeradas en el artículo, más otras muchas, no se despereza una parte importante de la ciudadanía, lo cual es frustrante aunque no sorprendente, en mi fuero interno, yo sospechaba, aunque no quería reconocerlo en voz alta, por no llamar al infortunio, mi escepticismo, se afianza, no sé qué más tiene que ocurrir, para dar un paso al frente, huele a una mezcla de cobardía e ignorancia endémica.

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