Una lágrima en el corazón te puede matar

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solidaridad

 

Hace tiempo que vemos un mundo tan imperfecto, que nos estamos preguntando que sucede con nosotros, sus ocupantes, tan vacíos como los valores que se han ido perdiendo. Utilizamos la perversión del lenguaje, la Solidaridad como mercancía, ¿a cambio de nada? como se preguntaba un político español, desnudo de cualquier decencia. Nos desayunamos, comemos y cenamos con noticias terribles que nos dejan al ser humano como autentica basura y todo requiere una explicación más allá de nuestra avaricia incontestable.

Todo se mide en valor económico, aquella frase maldita de “tanto tienes, tanto vales” haciendo referencia a lo material, sin importar el valor añadido que como seres humanos tenemos, la capacidad de ser solidarios, acompañar al desvaído, ayudar a quienes nos necesitan, sin más pago que el sentir que estamos en esta vida para algo más que acumular bienes materiales. Estamos para vivir felices y con dignidad y procurar que todos tengan esa misma felicidad y anhelo.

En 1968, en Bolivia murió el Che Guevara, en una triste quebrada y traicionado por los suyos y por los que deciden, aún hoy, el destino de millones de seres desde su prepotencia. En 1969, la Humanidad consiguió un hito histórico, así lo creímos, se llegó a la Luna, ese satélite que nos hace soñar con amores en la noche a su vera. Allí fue donde un hombre, Neil Amstrong pronunció la frase que convierte nuestra desgracia, al pasar el tiempo, en una verdad incontestable: “Un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la Humanidad”.

Tan grande fue ese paso, que ni nos imaginábamos que la Humanidad se quedaría allí y nos dejara huérfanos de nuestra esencia: El hecho de ser humanos con los de nuestra misma especie, es decir, anteponer la prioridad de cuidarnos y ayudarnos a cualquier otro interés. Para quienes soñamos en el renacimiento de aquellos ideales que cayeron en la quebrada boliviana y para quienes pedimos a gritos a la humanidad que vuelva de la Luna, que nos hace falta aquí y mucho, solo nos llora el corazón. Hoy en día, comprobamos como en Latinoamérica se cierne la garra de los poderosos, cercenando la libertad de cada pueblo en su justa reivindicación de vivir como quieran, cuestionando lo que no cuestionan en sus propios países, así claman por derechos humanos que ellos no cumplen en sus propios países, cuestionando a sus legítimos representantes en exámenes que ellos mismos no aprobarían.

Las sospechas de caídas inquietantes como la del Presidente Zelaya, la amenaza permanente sobre las nuevas democracias con formas de hacer política nueva como la Revolución Ciudadana del Presidente Correa, o la formulación del nuevo socialismo del siglo XXI que formuló el Comandante Chávez y que quieren cortar de raíz, tiene su contestación u horma de zapato en lo que ocurre hoy en Europa. La verdadera cara de nuestras instituciones, incapaces de ofrecer un poco de Humanidad a los miles de refugiados que escapan de una muerte segura, justificando aberraciones, que recuerdan la época más negra de la Europa del siglo pasado. Pero en Europa, sus gentes tienen Humanidad y se manifestaran en Bruselas en las llamadas euromarchas en el mes de octubre, para gritar al mundo que otra forma de hacer política es posible, con humanidad en la prioridad y la solidaridad como bandera. Es una de las últimas esperanzas que le queda a este mundo, huérfano de mínima consideración y tolerancia y abotargado de tanta avaricia.

 

No será casualidad, que los que en Bruselas se encuentren son los que menos tienen por fuera pero rebosan de valores por dentro, reclamando que a los seres humanos se les trate como tales y que los derechos humanos, si no se pueden ejercer por legislaciones restrictivas, no existen . No hay excusa para limitar derechos que hacen más grande al ser humano y al recipiente que nos contiene, este mundo tan hermoso si supiéramos ser cuidadosos con él y con los seres que lo habitamos. Las lágrimas en el corazón si se mezclan con nuestra sangre roja puede matarnos pero también puede ser signo de que todo no está perdido. Avancemos en las libertades y en la solidaridad.

 

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